Claves para la acción y dejar de postergar actividades importantes en nuestro trabajo diario
Dejar pasar el tiempo es tan fácil que realmente necesitamos un permanente enfoque para mantener el norte de la jornada diaria.
Nuestro impulso por evadir ciertas actividades o tareas diarias llega mucho más lejos de lo que parece y puede sabotear el camino al éxito. Incluso podemos encontrarnos evitando cosas que nos apasiona hacer.
Por eso, hay cuatro maneras de lograr hacer lo que tenemos que hacer, nos guste o no.
Supera los primeros minutos: Cuando realmente no queremos hacer algo, los primeros minutos son agónicos y hasta dolorosos. El aburrimiento o la frustración nos invaden, pero una vez superado el obstáculo es más fácil e incluso satisfactorio continuar,
Por ejemplo, al momento de tener que formatear la PC e instalar de nuevo cada software, tal vez los momentos iniciales sean aburridos, especialmente mientras comienzan a descargarse y procesarse los paquetes de instalación. Pero una vez que todo comience a funcionar como se esperaba, todo tiene sentido y es más llevadero.
Igualmente, ponerse al día con la administración atrasada da cierta sensación de pesadez al principio, pero la satisfacción del trabajo realizado comienza a disolver el aburrimiento en pocos minutos.
Recuerda la satisfacción: Como decía anteriormente, la satisfacción del trabajo realizado no tiene precio y es la que nos ayuda a seguir adelante con aquello que realmente no queríamos hacer.
Cuando las cosas están al día, tienes tiempo para dedicar a nuevos proyectos, tomarte un break y hacer algo que te guste o simplemente descansar y no hacer nada.
En los momentos en los que quieras abandonar la misión, recuerda lo que sentirás cuando esté terminada.
¿Comenzaste? ¡Termina!: Si comenzaste a hacer aquello que has estado evitando, concéntrate y termínalo, así tome más tiempo de lo pensado.
Si costó tanto comenzar, imagínate tomando una pausa y regresando a la labor. ¿Lo ves posible?
Para evitar riesgos, lo mejor es terminar lo que se comienza y luego pasar a otra cosa. Los permanentes cambios de tarea hacen que luego se olviden las etapas en las que está cada una y lo que falta por hacer. De esta manera, nada quedará hecho jamás.
¿Terminaste? Recompénsate: Ya hiciste eso que tanto evadiste, y lograste culminarlo con éxito. Ahora, ofrécete un premio dedicándote a hacer lo que quieras, incluso si eso es hacer nada.
Si no lo puedes hacer de inmediato por compromisos de trabajo, anota una fecha en la que no tengas nada en la agenda y prométete tomarte tiempo personal.
Es mucho más fácil terminar una labor extenuante si sabemos que al final habrá unos días libres o un tiempo de ocio.